18.2.20

Dispersa es la palabra.
Busco en los dibujos, en el cuaderno. Preferiría que no fuera en mis sueños.
Tres pesadillas seguidas, con dientes permanentes que se caen, pérdidas de objetos, de rumbos.
Una pendiente tan brusca que una vez bajada no se puede volver a subir, caminos de arena, lluvia y policías.
Despierta me preguntan que cómo pueden gustarme los poemas de F. Dicen todo el tiempo 'corazón' y 'alma'. Por eso me encantan. Yo jamás me lo permitiría.

6.2.20

Un recuerdo persiste desde la playa. Apenas salpicado por las olas veo lejos un perro enano y casi blanco, como un pekinés albino. Tenía una forma tan elegante de estar parado y una mirada tan profunda y seria que dije sin pensar: Ese perro debió haber sido una persona muy importante. Que mandó a muchos a la muerte, para descender según la versión kármica, de la categoría de humano a la de animal doméstico. Un gran hombre, aunque cruel. Conserva la firmeza en el porte y el ceño de quien piensa en cosas trascendentes. Acentuando la primera sílaba hasta casi hacer desaparecer la segunda, lo llamo: "Winston". Gira la cabeza hacia mi lado, se aleja del agua. Vuelvo a llamarlo "Winston Churchill". Es él, viene a mi y unos metros antes de estar a mi alcance va hacia su dueño. Cada vez que lo llamo me mira pero no se acerca. Creo que le gusta que lo haya reconocido, pero también que sea la única. El anonimato es siempre preferible.

21.12.19

Ramal Norte. Veredas blancas que resplandecen como si fuera Copacabana. Él quisiera ser monje cuando sea grande. Reparte libritos en la vereda, si no le das la plata rápido se aleja. Vení, le digo, pará, te voy a dar tu donativo. Me gustó cuando pregunta "sos de acá", y aunque sabía que era premeditado la segunda vez me molestó que empezara con lo mismo. Tuve que recordarle que nos habíamos visto antes. Quisiera saber cuándo. Yo tampoco sé cuando. Si a esa edad quiere ser monje conoció el miedo y recién entonces quiso de vuelta la Paz. Sus dientes se ven todo el tiempo porque son siempre grandes y sonrientes. Pregunta si fue él, si estoy segura. Una sonrisa pura, eso pensé. Estoy segura.

11.12.19

De madrugada duermen en la casa ella, el esposo y el niño. Llega el prófugo. A causa de un error biológico inexplicable, el prófugo es el padre del niño. Cruza el umbral con una mentira y una vez que entró, ya no va a salir hasta que sea de día. Refugio para un prófugo no se niega, ella cree, quiere creer.

El prófugo ha regado con indulgencia las flores negras y venenosas que ahora salen a su paso. Habla del lenguaje cifrado de la noche, que le dio aviso. Reparte su enfermedad secreta entre los que procuran el daño. Mujeres y hombres juraron contra su futuro y ahora busca refugio.

Hasta la salida del sol duermen de a ratos, ella, el marido, el prófugo. Sólo el niño no se despierta. Respira en la oscuridad el prófugo y es la imagen móvil de su cadáver.

Antes de dormir el marido le había contado a ella sobre otra mujer, que manejó por rutas nocturnas buscando a la Locura y a la Muerte. No la admira, y a la mañana siguiente no puede dejar de sentir que cada cosa está en el lugar equivocado.

6.12.19

Otro bar
con ventana a la calle, calor
desde la ambulancia que para en el semáforo
se escucha cumbia. El que maneja
es joven, le gusta
ir con la música fuerte, la camisa
abierta
el pelo transpirado
o mojado.
Dura en mi campo visual menos
de lo que tarda en cambiar el semáforo, es perfecto.